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Guerrilla en Colombia ¡UN EJÉRCITO DEL DIABLO!
Durante 50 años Colombia y la comunidad internacional, creyeron ingenuamente que la guerrilla en Colombia, concretamente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, idealizaban la lucha de un supuesto ejército del pueblo, con dirigentes que iban desde sacerdotes, hasta campesinos renegados, contra un sistema opresor.
Con el transcurrir de los años los 44 millones de colombianos, nos dimos cuenta del engaño, la guerrilla es un grupo que funciona en el marco de una organización rural y urbana cuyo único ideal es delinquir para sostener el imperio del mal con un ejército del diablo. Su única ideología es delinquir para enriquecer a sus sexagenarios cabecillas encabezados por Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”, el bandolero más antiguo del mundo; dirige, manipula el negocio de las FARC en contubernio con el narcotráfico. Pedro Antonio Marín, murió de un infarto cardiaco el pasado 26 de marzo, ante el asedio de las autoridades en las montañas de Colombia. Anualmente las FARC reciben por secuestrar, extorsionar y asesinar sumas difíciles de calcular en dólares, a la guerrilla en Colombia no le interesa la paz. Menos desmontar una empresa que, por criminal que sea es de las más rentables de Colombia y el mundo, en otras palabras la guerrilla en Colombia es un negocio cuya cabeza principal es ahora “Alfonso Cano”, que sigue en su proyecto de conformar ejércitos delictivos de terror alentados por un minúsculo grupo del partido terrorista. Aparentemente el montaje de la guerrilla tiene como objetivo derrotar la clase dominante y opresora que maneja el poder económico y político. Escogieron los dos partidos tradicionales -liberal y conservador - señalándolos como una de las causas del conflicto por la corrupción que a pesar de la mano fuerte del gobierno no se ha podido acabar. Uno de los sectores más golpeados por la acción de la guerrilla es el agropecuario, cuyos empresarios fueron sometidos por décadas al secuestro, el boleteo, el chantaje, modalidades propias de estos grupos que fueron desplazando a los campesinos. La devastadora acción de la guerrilla viene acabando con el sector ganadero, con millones de cabezas de bovinos. Hoy en día son contadas las personas que se dedican a esta actividad y la oferta de ganado apenas alcanza para abastecer una pequeña parte de la población colombiana. Como si esto fuera poco la guerrilla ha venido incursionando en el cultivo y tráfico de drogas. Comenzaron a hacer las veces de guardias de plantíos de los grandes capos de la droga, hasta constituir un cartel más: la Narcoguerrilla. De simples cuidanderos de inmensas plantaciones de coca y marihuana, en diferentes departamentos como Cauca, Valle, Huila, Caquetá, Vichada, Cundinamarca, Antioquia y Casanare, “los alzados en armas” pasaron a ser propietarios y traficantes e incursionaron como hoy sucede con las FARC en el negocio de la amapola. Por concepto de coca y amapola, las FARC reciben anualmente unos 100 mil millones de pesos colombianos, aunque esta cifra puede aumentar. La lucha política armada es un factor distractor que la guerrilla “sostiene para dar la sensación que la lucha para acceder al poder por medio de las armas continúa”. Así, acude a muchas maniobras y montajes con organizaciones como Amnistía Internacional, la que utilizan para escandalizar al gobierno de turno por supuesta violación de los Derechos Humanos y otras acusaciones como el asesinato de líderes sindicales. La guerrilla en Colombia ha ido creciendo su poder económico, de terror y muerte, en forma tal que ya se le considera una organización cuyos tentáculos han penetrado campos de la actividad económica, financiera y supuestamente política. Por debajo de cuerda los subversivos han incursionado en campos de la inversión financiera, a través de testaferros, al mejor estilo de las mafias de la droga y se asegura que tienen acciones en empresas mineras, de transporte, ganaderas y posiblemente hasta entidades bancarias. El ejército colombiano con el presidente Álvaro Uribe Vélez a la cabeza está dando la batalla. La mayoría de sus campamentos han sido desmantelados como ocurrió con el grupo de Raúl Reyes, mientras que otros sexagenarios dirigentes del terrorismo huyen por montañas inhóspitas abrigando cínicamente, esperanzas de diálogo, sean donde sean. En Colombia -y esto no es un misterio para nadie- diálogo es un sinónimo de respiro para proseguir la guerra, el gobierno no baja la guardia, así lo ha entendido y abiertamente le ha declarado la guerra al ejército del diablo. Mientras tanto la comunidad internacional cayó en cuenta que “el famoso caso de la guerrilla colombiana” no fue más que un montaje para esconder la más oprobiosa red criminal, dedicada al secuestro, chantaje, soborno, extorsión, el asesinato infame, la asonada, la emboscada y el asalto, aun contra la indefensa población civil que ellos los guerrilleros -falsamente durante décadas- aseguraban interpretar, defender y representar. En Colombia y el mundo se rechaza a la guerrilla, a las FARC y a sus anexos. La famosa guerrilla colombiana -el ejército del diablo- lo único que despierta en la sociedad internacional es repugnancia y más temprano que tarde caerán, ante la arremetida del ejército o en las cárceles para pagar sus crímenes atroces. |