
Antes y después de la Semana Santa y quizás hasta el término de este Siglo XXI en nombre de Dios, por la sangre de Jesús, por la salvación de nuestras almas, por la paz de las conciencias, por el grito y la orfandad de tantos inocentes.

Antes y después de la Semana Santa y quizás hasta el término de este Siglo XXI en nombre de Dios, por la sangre de Jesús, por la salvación de nuestras almas, por la paz de las conciencias, por el grito y la orfandad de tantos inocentes.

Desde pequeñas nos deberían enseñar acerca del valor y la autoestima y del amor propio que deberíamos sentir por nuestro ser.
Cada mujer es un universo entero lleno de cualidades, talentos, fortalezas, sentimientos, emociones, inteligencia, aspiraciones, sueños, amor y en gran cantidad llena de ilusiones y de metas.
Cada vez que una mujer se pronuncia a favor de todo lo que ella es, es un grito que se eleva al cielo diciendo que estamos presentes en una lucha constante por nuestros derechos, somos luz viviente en el mundo y proclamamos a boca llena que no estamos dispuestas a seguir sufriendo, ni a ser infelices ni renegadas; porque estamos en una era donde la mujer tiene voz y voto, que se ha vuelto una luchadora firme e inquebrantable y con un empoderamiento que nos llevará a una libertad sana y plena.
En la vida elegimos caminos que se nos cruzan y tropezamos, caemos y algunas veces desfallecemos, pero esto mismo nos levanta con una fuerza increíble, como martillos de oro y así con ese poder que nos da el resurgimiento, cabalgamos como guerreras incansables de la justicia, nos ponemos objetivos claros, METAS y luchamos por ellos.
El luchar por nosotras y para nosotras mismas significa que vamos en esa constante búsqueda de la felicidad, y la felicidad es relativa para cada una pero es alcanzable.
A veces nos preguntamos el por qué de las cosas y no las entendemos, y nos culpamos por lo que sucede, pero quien tiene confianza y deja de temer, triunfa.
Todo tiene una razón, un significado y tomamos decisiones pequeñas o grandes y nos traen consecuencias importantes y todo tiene lugar y tiempo. Todo se aclara si hay tinieblas y si está claro está perfecto.
Como mujer somos obras en construcción, siempre nos estamos adaptando y ajustándonos.
Vamos para adelante porque somos unas valerosas y Dios nos tiene aquí con propósito de grandeza e inspiración.

La gran familia de La Prensa Colombiana desea a sus lectores, amigos y anunciantes que el 2013 sea el itinerario de continuar por el camino del éxito con paz, amor y mucha prosperidad.
Que las distintas comunidades al abrir su agenda cristalicen sus ideales ya que así se logran propósitos y metas. El presente es hoy el futuro no existe. De todas maneras un parte de victoria… misión cumplida.
Con la ayuda de nuestro padre celestial seguimos en avanzada por qué quiérase o no los buenos somos pocos y los malos son muchos.
Bendiciones y bienaventuranzas

En el mundo y en especial en los países Suramericanos, Centroamericanos y otras poblaciones algunas de ellas alejadas de la civilización hay otras formas de discriminar a la mujer.
En Colombia aun existen algunas. Se sostiene la superioridad de quienes habitan en la urbe sobre el sector campesino. La mujer no es valorada. Se le educa para la sumisión no para la libertad ni la responsabilidad.
Si es joven debe obedecer a sus padres; si es casada debe obedecer al marido, y si se encuentra viuda, sometida a la dictadura del hermano mayor. En el hogar empieza la discriminación. Al hijo lo mandan a jugar fútbol y a la niña la ponen a lavar platos.
La mujer en lo sexual tiene que ser recatada. El varón entre más mujeres seduzca es más hombre. Los juguetes para las niñas son muñecas, cunas, cascabeles flores, pelotas de colores suaves, a los niños los varones de la familia se les familiariza con las pistolas, camiones y soldados.
Al niño se le seduce a salir de la casa a explorar, negociar, dominar, es decir, se le prepara para ejercer el poder. Los juguetes de la niña la inducen a la coquetería, la vanidad y el arte de agradar.
La literatura infantil también tiene filosofía propia. En los relatos el hombrecito o niño héroe son los salvavidas, el que piensa, manda, somete y libera. La niña es la que sirve, sonríe, apoya y obedece con ternura.
Aun la madre moderna se la describe con bebes, planchas y ollas, jamás como mujer asalariada, obrera, científica o líder. En el deporte a la mujer se le prepara para ser esbelta y delicada; al hombre para que mejore su imagen varonil, fuerte y machista.
La niña aprende a ser madre con las muñecas a las que baña, viste y supuestamente alimenta. El hombre siempre tiene la razón, es fuerte y debe imponerse, la mujer por el contrario debe aceptar, estar callada.
El colombiano crece y se educa en un ambiente masculino; se verá primero en la familia, después en la escuela. En Colombia no se ve, como en otros países, a los niños jugar indiferentemente con las niñas y compartir juguetes, pues si lo hacen serán objetos de burla, pues son cosas de mujeres y de viejas.
Cosas de hombres serán aquellas que se ven como positivas: la dureza, la fuerza, el valor, la frialdad, la agresividad y la bohemia. Si el niño es del sector rural aprende rápido a montar a caballo y a manejar animales con seguridad y destreza y lo identifica con su padre.
Se acostumbra a mirar a las mujeres con dominio y estas actitudes generadas por el machismo inclinan a una mal llamada hombría y fortaleza masculina.
El machismo es una forma de expresar imperio y superioridad. Muchos creen de acuerdo a su ignorancia que la supuesta superioridad es un artificio, una mentira pero vaya, vaya es una cruel y dolorosa verdad.