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Wed05222013

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Dirigentes …No les da vergüenza

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Se dice coloquialmente en el mundo que cuando alguien fracasa en su gestión, lo más sano y decente es renunciar.

Para muchos sin distingo de clases renunciar es morir. Esa máxima no se da en Colombia, donde los dirigentes del fútbol pese a los constantes fracasos y malos manejos, se atornillan a sus cargos.

Hace doce años no clasificamos en los mundiales, el papel en los torneos internacionales es deplorable y la calidad del torneo profesional es muy pobre, pero muy pobre, por no decir malo, y ya raya en la mediocridad.

El comité de la Federación Colombiana de Fútbol y los directivos de la División Mayor del Fútbol Colombiano –Dimayor-, que organiza el torneo rentado se encargaron de acabar con el espectáculo de multitudes que era el fútbol en Colombia.

No hay nada atractivo en ir a los remodelados ocho estadios colombianos, gracias al Mundial Sub 20 y ahora sin vayas, ojala Dios no lo quiera, el peligro se cierne sobre los espectadores a causa de las mal llamadas “barras bravas” patrocinadas por los mismos directivos que en muchos casos les pagan y les obsequian boletas.

Además, el nivel es malo, no hay un partido que sea de interés público o llame a la expectativa, en otras palabras que mueva el torniquete y garantice una “taquilla alegre” a los equipos o clubes que se encuentran en crisis o en quiebra.

El único club por organización y aportes es el Deportivo Cali que sin embargo no escapa del fenómeno de la crisis económica. Es hora de ponerle seriedad al fútbol colombiano, de que el estado le meta la mano al “mal negocio” de los millonarios dirigentes y los paupérrimos futbolistas.

El gobierno tiene buenas intenciones, lo ha anunciado el presidente Juan Manuel Santos, pero que le baje a la vitrina y al protagonismo el Director del Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte –Coldeportes-, Jairo Clopatofsky.

Se requiere un nuevo esquema, ojala lo apliquen ahora en el torneo finalización para que sea rentable a quienes invierten en los equipos, para acabar con la propiedad esclavizante de los jugadores que son el patrimonio de los equipos y no de ningún socio o accionista.

A mí como periodista con la nieve de los años, me daría pena si en la misión que tengo con los lectores no me resultara.

Para los caraduras del balompié colombiano la vergüenza no existe porque lo que hay es un afán de riqueza sin límite de tiempo a través de la explotación de los futbolistas que son los que manejan el mejor espectáculo del mundo.

Si queremos un fútbol decente, más rentable y que el público vuelva a las tribunas de los estadios, lo primero que hay que cambiar es a los dirigentes, porque hay muchos personajillos que aparecen con bultos de dinero, que no saben ni hablar, pero se creen los salvadores. Qué vergüenza no se ponen rojos ni pálidos.