
Conociendo al hombre que invierte en los bailarines colombianos llevándolos a mostrar su arte en los escenarios del mundo.
La salsa le ha dado a Albert Torres, una carrera completa:

Conociendo al hombre que invierte en los bailarines colombianos llevándolos a mostrar su arte en los escenarios del mundo.
La salsa le ha dado a Albert Torres, una carrera completa:
Originario de Palmira Valle, Colombia es Wilmer Álvarez a quien se le reconoce como un excelente trompetista que ha formado parte de los máximos exponentes de la música tropical; del Grupo Niche, de la Orquesta Guayacán, de la orquesta La Misma Gente, de la agrupación Los Bunker, y otros más que han contado con su presencia, en su extensa trayectoria artística.
Pero eso no es todo, por su calidad artística, el maestro Wilmer Álvarez ha tenido la gran oportunidad de hacer marcos musicales para diferentes orquestas colombianas, puertorriqueñas y dominicanas, además que tuvo la fortuna de acompañar a la gran Celia Cruz, a Tito Puente Jr., a Nacho Sanabria y Luis Manuel Lebrón, entre muchas otras figuras internacionales.
—¿Maestro Álvarez, ¿desde cuándo considera usted que se convirtió en músico?
“Creo que yo soy músico desde la época de mi gestación, cuando aún estaba en el vientre de mi madre… Afortunadamente provengo de familias de músicos por el lado paterno y materno. Mis abuelos tocaban música colombiana en cuartetos o en tríos, por ambas partes lo heredé y por eso digo que nací músico. Mi hermano, tíos y primos míos también han sido o son músicos… Y debo decirle que me siento orgulloso que la música se haya extendido a mi familia, en lo personal... Mi hijo Cristian David, de tres años, ha resultado con oído musical excepcional y con una gran facilidad de aprender por sí mismo. David me tiene un poquitico aterrado. Recuerdo que en mi casa, mi madre le decía a mi padre; si tú sabes música ¿por qué no enseñas a los muchachos? No, respondía él, si los chicos quieren ser músicos ellos mismos cogen el instrumento. Mi esposa me dijo lo mismo y yo respondí como lo hacía mi padre, y parece que mis palabras fueron proféticas porque al niño mío nunca le dije nada, él tomó la trompeta y le sacó sonido… Hay personas, músicos, que no pueden sacarle sonido a la trompeta y David cuando tenía un año lo hizo. Ahora que ya tiene tres, David me registra de un ‘do’ hasta un ‘sol’, como decir ‘do, re, mi, fa, sol’. Bueno, para mí eso es impresionante porque mi niño registra un sonido muy bonito y afinado”.
—¿Usted estudió música en Colombia?
“Sí, estudié en el Conservatorio de Música en Cali, fueron dos o tres años, allí cursé técnica y armonía musical y culminé mis estudios. También estudié en la universidad y no pude terminar mi licenciatura en Música por cuestiones económicas y porque empecé a viajar fuera de mi país con diferentes agrupaciones… Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer a quienes son para mí los artífices de lo que he logrado; mi padre y mi madre, ellos son mis Alfa y Omega, el principio y el fin, porque de manera incondicional ellos me apoyaron siempre para que yo siguiera mi camino que es la música”.
—Tiene usted un paso artístico impresionante y primordialmente se le reconoce como trompetista, ¿toca algunos otros instrumentos?
“Por supuesto, aparte de la trompeta toco el bajo, la guitarra acústica e instrumentos de aire como la flauta dulce… Pero ha sido la trompeta la que me ha dado mayores satisfacciones”.
—Se identifica a sí mismo como músico de nacimiento, lo cual es indudable, ¿también se le da la composición?
“Bueno, parte de mi trabajo es hacer arreglos musicales lo que obviamente tiene relación, pero en el campo de la composición hará como hace dos años que descubrí que tenía ese talento oculto; ahora tengo unas composiciones por ahí e inclusive ya estoy trabajando con ellas para incluirlas en la próxima producción que grabaré con mi orquesta Pregón Latino. Con esta orquesta he viajado bastante y estuvimos trabajando en Australia. También con los integrantes de la orquesta hemos hecho los marcos musicales de acompañamiento para Lalo Rodríguez, Tito Puente Jr., Maelo Ruiz y Mariano Cívico, entre otros grandes artistas”.
—Maestro Álvarez, ¿cuáles son esos dos temas que grabará en su próxima producción y para cuándo tiene proyectado que esté terminado ese álbum?
“Mire, esos temas llevan por títulos ‘El Marrano’ y ‘Colombiano con Caché’, los dos, le decía son de mi autoría. Los grabaré con mi orquesta Pregón Latino y cuento con la invaluable colaboración de dos grandes amigos en los arreglos musicales, ellos son los maestros Andrés Villamara y Alexis Lozano, por supuesto que también hay arreglos míos en esas dos canciones. Con la ayuda de Nuestro Señor, por allá de mediados de julio y principios de agosto, estaré en Colombia para terminar de realizar mi producción. Espero presentar uno de estos temas en la Feria de Cali, gracias a un gran amigo que tengo y trabaja en una emisora de radio, él se llama Pepe González y me ha ayudado a promocionarlos”.
—¿Decía usted que ha viajado por varias partes del mundo?
“Sí, a Dios gracias he tenido la fortuna de conocer medio mundo… Con el Grupo Niche estuve en Portugal, bueno, en toda la Unión Europea. En el 2004 fuimos a Japón, conocimos Fukuoka, Tokio, Yokohama, Niigata, fueron seis o siete ciudades, se me escapan algunos nombres… ¡Claro!, también estuvimos en la isla de Okinawa… Yo tuve el privilegio con el Grupo Niche, de ser la primera orquesta colombiana que pisara la nación japonesa, esa gira fue por espacio de veinte días. También tuve la fortuna de trabajar en Australia y eso fue en la época del Mundial de Sudáfrica, en Australia conocimos la capital Sydney, Melbourne, Adelaida, Canberra, Victoria y otras ciudades más. De igual manera, hemos trabajado en Canadá”.
—¿Pero los viajes no han terminado, verdad?
“Aún no, con la ayuda del Todopoderoso, precisamente para la semana del 15 y el 22 del mes de mayo tenemos proyectado ir a Canadá para acompañar musicalmente a los artistas salseros Luisito Carrión y Ricardo Estreguera, primero será en el Oeste; Calgary, Edmonton y Vancouver, y después en el Este; Toronto y Maine, que es una ciudad cerca de New York”.
—Qué bueno maestro, que ni el trabajo ni lo viajes le faltan…
“Es bueno, sí, porque tenemos otros viajes a New York y a Arizona, seguiré trabajando aquí en Los Ángeles con Charly de Cali, ya que con él laboro continuamente, y también quizá acompañaremos a algún artista en los festejos de la Independencia de Colombia que se celebran en el Pico Rivera Sports Arena. Mire, tengo un proyecto personal que es el de revalidar mis estudios aquí en la universidad college, serían tres o cuatro años más y terminaré mi carrera”.
—¡Felicidades maestro Wilmer!... Ahora permítame preguntarle, ¿cómo en cuántas producciones musicales ha usted participado?
“En muchas, en muchas de veras. Lo que pasa es que como orquestas colombianas las más conocidas son Grupo Niche y Guayacán, pero en Colombia hay infinidad de orquestas buenísimas, pero buenísimas de calidad musical y de gran trayectoria. Entre ellas podemos mencionar a la orquesta La Misma Gente. Yo trabajé con esa orquesta, también lo hice con la Orquesta Matecaña, Los Bunker, agrupaciones que por no haber llegado a trabajar en los Estados Unidos puedan carecer de calidad, las cuales causaron furor en Colombia en la época de los años noventa. También fue que muchas de ellas no tuvieron el apoyo suficiente y fueron desapareciendo. Asimismo, trabajé con la original Sonora Dinamita de Lucho Argaín, pero fue allá en Colombia, antes que vinieran a Estados Unidos”.
—Tengo entendido que usted y un grupo de los mejores músicos colombianos tocaron en El Festival del Sombrero. ¿Qué le significó participar en un evento como éste?
“Sí, tuve la fortuna de estar presente y tocar junto con ellos. Le digo que de verdad sentí una gran emoción al ver reunida a tanta gente de mi Colombia y que ellos gozaran de un evento tan bonito, de nuestra música y de nuestras raíces. Fue un festival muy, pero muy bonito”.
—Me imagino que usted como músico debe tener muchas anécdotas. ¿Desea compartir alguna con nosotros?
“Bueno anécdotas musicales tengo muchas… Le comentaré ésta; cuando estaba en Colombia y tocaba con la Orquesta Matecaña viajábamos por carretera, era el año 1991, 92 o 93 e íbamos para un pueblo que se llama Florencia Caquetá, era la época en que había más guerrillas. Nos dijeron que saldríamos muy temprano y cortaríamos camino por el Volcán de Purapé, que es un departamento del Cauca; nos auguraron también que habríamos de encontrarnos con gente del Ejército, de las FARC o de la LN, quienes nos iban a pedir que ‘para el cafecito’ u otras cosas. Como a las tres horas de camino llegamos a un retén del Ejército, nos preguntaron adónde íbamos y les dijimos que a trabajar. Igual, nos pidieron para el ‘cafecito’ y nos advirtieron que si nos ‘topábamos’ con los de las FARC o los de la LN y si nos preguntaban si los habíamos visto, dijéramos que no. Más adelante nos hallamos con los de la LN y fue lo mismo, les dimos ‘para cafecito’ y les aseguramos que no habíamos visto ni al Ejército ni a los de las FARC. Seguimos nuestro camino y finalmente nos ‘topamos’ con los de las FARC y la historia se repitió. Por fin llegamos a Florencia y cuando estábamos tocando, vimos que juntos estaban los ‘mayores’ del Ejército, de la LN y de las FARC bebiendo aguardiente como grandes amigos, emborrachándose. Esa era la hipocresía que había y hay aún allá. Eso sí, ni los del Ejército ni los guerrilleros fueron malos con nosotros, al contrario se comportaron muy amables”.
El maestro Wilmer Álvarez tiene muchas cosas más que comentarnos, sin embargo, ahora ustedes y nosotros ya sabemos un poco más de él. Lo que es inobjetable es que se trata de un magnífico músico y orgullo colombiano que próximamente nos dará a saber algo más sobre su música, su discografía y sus vivencias.
Quienes deseen contactarse con el maestro Wilmer Álvarez y su Orquesta Pregón Latino, háganlo por favor marcando el número telefónico (909)997-8459.

En esta ocasión conversamos con un hombre que sin ser músico ni realizar una labor como artista, sí tiene mucho qué ver con la música y con lo artístico. Se trata de Chuy Martínez, uno de los promotores más conocidos en el ámbito de la música tropical.
Chuy Martínez es un ciudadano del mundo cuya principal meta es y ha sido proveer de diversión a gente de muchas y diversas partes, llevándoles a las mejores orquestas, agrupaciones musicales y cantantes de fama internacional.
Por eso es que preguntamos a Chuy, ¿cómo empezó su carrera como promotor?
“En Colombia estuve como en cuatro o cinco ocasiones, hacíamos colectas para una organización non profit (sin fines de lucro) de allá y nosotros les llevábamos el dinero reunido y aprovechábamos para ir a pasear. En uno de esos viajes mi amigo Edson Saavedra me conectó con José María Panloyara y junto con él es que hacíamos las colectas para ayudar a niños huérfanos y ancianos. Hacíamos labor social e inclusive creo que fue en 1991, apoyamos a un corredor colombiano que participó en el Maratón de Los Ángeles y llegó en segundo lugar… Pero bueno, allí me envolví con toda la música a través de las discotecas; porque entonces ya tenía mi programa de radio en KFOX 93.5 FM, eso fue por el 1986 y hasta el 1992 creo, y a través de la radio lográbamos hacer esas colectas. Y luego sucedió que me empaté con Saavedra y en 1986 hicimos ‘La Bamba’ night club, que fue la discoteca más fuerte que hubo aquí en Los Ángeles”.
—Así que usted ya había entrado en contacto con las discotecas, pero además era copropietario de ‘La Bamba’. ¿Fue entonces que se convirtió en promotor?
“Saavedra y yo íbamos a Cali a cada rato a buscar música, había un ambiente salsero tan grande y con tanta alegría que me contagié, empecé a comprar discos con música de las orquestas más famosas de Cali, Medellín y de otras partes Colombia para tocarla en mi programa de radio. ‘La Bamba’ estaba en las calles Bronson y Sunset, en Hollywood, era el nombre de una discoteca de Cali muy famosa y yo decidí usar ese nombre aquí en Los Ángeles, ‘Candilejas’ estuvo como por tres años y estaba ubicada en la Sunset y la Normandie; también existió ‘La Manzana’ que estaba en la Vermont muy cerca del freeway (autopista) 101. En Santa Mónica estuvo ‘El Escondite’ otra discoteca y una más en el Valle de San Fernando. Nosotros transmitíamos desde Los Ángeles a través de la cadena RCN allá en Cali, enviábamos información de música, saludos y todo eso, estábamos empapados de música y especialmente con el surgimiento del Grupo Niche y su tema ‘Cali pachanguero’, que empezó a tocarse muy fuerte. Por cierto, yo tuve la oportunidad de llevar ese tema cuando filmaron la película ‘Salsa’, les expliqué a los productores que en esa canción se manifestaba el mensaje que era respecto a la alegría, las discotecas y el ambiente en sí; eso abrió las puertas para que surgieran otras orquestas más y en el programa de radio que tuve hubo la posibilidad de promocionar a Fruko, la orquesta Guayacán, Fórmula 8 y otras, todas esas orquestas que iban surgiendo en Cali yo adquiría su música a través de Codiscos y la traía a Universal. La música de Joe Arroyo así como la de La Sonora Dinamita y del Grupo Galé, la promoví por medio de mi programa. Los días sábado tenía cuatro horas, del mediodía a las cuatro de la tarde, y el domingo seis horas, desde la 1:00 hasta las 7:00 p.m. y eso fue lo que posibilitó que toda esa música colombiana se conociera aquí”.
—¿Cuánto tiempo condujo ese programa y en dónde estaba ubicada esa radio?
“El programa duró como diez años y la radio se hallaba en Redondo Beach, pero sucedía que antes de mi programa había otro de cuatro horas con pura música centroamericana y cuando yo terminaba entraba otro con música de Guatemala. La gente escuchaba en mi espacio salsa, cumbia, bachata y la que estaba de moda entonces, la gente dominicana, centroamericana y los ‘chilangos’ (personas del Distrito Federal, México) también se fueron contagiando e interesando por esa música y por mi programa. Yo transmitía mi programa directamente desde la discoteca ‘Candilejas’, allí tocó Fruko y sus Tesos, La Sonora Dinamita, Eddie Santiago, Óscar de León, Lisandro Meza, los Hermanos Lebrón, Alfredo Gutiérrez, el Grupo Niche; todas, todas esas grandes orquestas que llegaban a New York nosotros las traíamos a Los Ángeles”.
—¿Entonces, ustedes traían orquestas no sólo de Colombia, es así?
“Exacto, de Colombia y de todas partes. Lo que pasa es que en Cali está la gente más exigente en cuanto a la salsa se refiere, porque incluso llevamos allá a algunos ‘sonideros’ (personas que alquilan sus equipos de música, como los DJ’s) del Distrito Federal. Y es que en Cali, considero, se encuentran los máximos coleccionistas del género salsa, y cuando digo salsa me refiero a la que hacen orquestas de Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, México y Estados Unidos. En Cali encuentra personas, grandes coleccionistas, que tienen discos de 78 revoluciones con temas de La Sonora Matancera, Los Compadres, de todas esas grandes orquestas; por ejemplo, de Puerto Rico tienen discos de La Sonora Ponceña, Hermanos Lebrón, El Gran Combo, entre otros. Toda esa música yo la compraba en Cali cuando ésta aún no aparecía en New York, Puerto Rico o República Dominicana, y yo la presentaba en mi programa. Y es que en Cali hay coleccionistas que cuidan sus discos como si fueran de oro, música que se oye en las grandes radios de Cali como Rumba Estéreo, Olímpica Estéreo y otras emisoras que se dedican a tocar la salsa y la música tropical internacional, es como si uno se hallara en el paraíso de la salsa. No es como en Estados Unidos donde no hay esas emisoras, pero en Cali o Buenaventura se escucha durante todo el día la música afroantillana y en la noche, en las discotecas, todo se convierte en alegría, la rumba, la música, es una locura. Todo eso hace que uno se contagie, más si se es mulato, uno se siente como en el paraíso”.
—Chuy, sin querer saber ni preguntar más, ¿usted se considera un ciudadano del mundo?
“Mire, yo aquí en los Estados Unidos aprendí a querer a toda la gente; para mí desde México hasta la Patagonia, todos que hablen el idioma español y que gusten de la rumba son mi gente; la música es para mí un medio cultural de unidad latinoamericana, una música que nos hermana a todos los latinos sin importar de qué país somos. Yo fui el primer DJ en Los Ángeles 1975, fue en la 107.1 FM, la primera emisora comercialmente hablando en español, que se dio a conocer por medio de la música tropical. La 107.1 FM, desde 1974, 75 y 76, Víctor Méndez y yo la abrimos con música tropical. Empezamos con esa lucha de unir a todos los latinos”.
—Su programa Chuy, ¿fue precursor de aquel ‘Sábados bailables’ de la radio KLVE?
“Yo fui ejecutivo de cuentas de KLVE, inclusive cuando se iba a iniciar ese programa que creo comenzó con Martha Shalhoub como conductora, a mí me encantaba salir a buscar anunciantes porque era en día sábado. En 1981 yo me fui de KLVE y ya habían pasado por el programa Martha, un boricua de nombre Rubén Valentín y otro colombiano que no recuerdo su nombre, creo que en 1987 entró Óscar Abadía”.
—¿Usted Chuy, también es músico?
“No, lo que pasa es que yo soy un loco por la música, yo aprendí de música cuando tenía siete u ocho años, había una emisora en Cuba que se llamaba CNQ en la que trasmitían radionovelas de Los tres Villalobos y otras que mi mamá escuchaba, cuando esas terminaban empezaba un programa llamado ‘Mi Santa Cuba’, era 1958 o 1960, era yo pequeño pero me gustaba oír esa música de la vieja Cuba y me hice salsero desde chiquito. Más tarde me fui a New York y de ahí a Los Ángeles, donde empecé a hacer promociones con el Grupo Niche, con Óscar de León y muchos otros en el Mayan, en el Conga Room, en el Quiet Canyon y otros centros, ya tengo treinta y siete años haciendo promociones o mediando para que se realizaran esos eventos. Yo fui el último que traje a Héctor Lavoe, en paz descanse, al Hollywood Palladium allá por 1989 o 1990. En 1984 yo tuve un programa paralelo en Radio 95 que era los días viernes y sábado, esa radio luego la vendieron los Liberman a un señor de apellido Alvarado, pero yo era bueno vendiendo comerciales y como buen vendedor también lo hago como promotor. Cabe mencionar que yo empecé con mi programa el 2 de diciembre de 1984 en 107.1 FM, y KLVE salió en abril de 1975. En aquel tiempo no había FM en los autos, sólo en las casas, y fue que KLVE se mantuvo y por eso luego tuvo mucho éxito con ‘Sábados bailables’, entonces yo vendía un minuto por veinte dólares. Recuerdo que Adrián López que era el programador de KLVE me pedía que le llevara música tropical para que la promovieran en esa radio, la época de La Fania y MP, ¡qué tiempos aquellos!”.
—Chuy, ¿qué hizo con todo ese tesoro musical que usted compró en discos y cassettes?
“Aún tengo por ahí algunos, pero como luego surgió el CD, le vendí mi repertorio a un coleccionista de Cali, él tiene como seis o siete mil LP’s con esa música maravillosa y sé que los va a cuidar muy bien”.
—¿No siente usted añoranza por volver a la radio?
“La verdad no, porque es muy cara. Antes lo que costaba cien dólares ahora vale mil. Me encantaría tener otro programa como aquél, pero ya no es igual, en ese tiempo la música que presentábamos era exclusiva pero ahora hay música tropical por todas partes. En todos los condados que rodean a Los Ángeles hay discotecas en los que se ha regado la música tropical. Es otro tiempo, ‘un ritmo tropical para toda mi gente latina y así somos todo el mar’, esa es mi filosofía y la decía en mi programa de radio”.
—Algo que desee usted agregar, Chuy…
“Lo digo a toda nuestra gente, que sigan apoyando nuestra música que es cultural; la cumbia, la salsa y el merengue, la ranchera. Personalmente le puedo decir que crecí con la música ranchera, que América entera aprendió escuchando música ranchera, porque sólo en México se producían aquellos discos de 78 revoluciones y en las radios oíamos a Tony Aguilar, Toña ‘La Negra’, María Luisa Landín, a todos esos artistas viejos, incluso en Medellín, Cali y Puerto Rico, las radios tocaban mucha música ranchera”.
Para quienes deseen comunicarse con el señor Chuy Martínez, pueden hacerlo llamándole al teléfono: (323)707-6808.

Nacido en Bogotá, Colombia, específicamente en el Barrio de La Soledad, Oswaldo Borraez creció en ese sitio de la ciudad donde cursó todos sus estudios, incluyendo la universidad, de la cual se graduó como comunicador. Oswaldo afirma que desde su niñez supo que su futuro era el periodismo y que su familia también tenía la certeza que lo sería.