
Todo tiene un comienzo y un fin. Los primeros pobladores que llegaron a esos pastizales plagados de culebras, bichos, pantanos, no la pasaron bien.
El distrito de Aguablanca y por ende el barrio El Retiro quienes a ellos llegaron, lo primero que hicieron fue un aljibe y lo segundo una colada con los cultivos de sorgo y soya que había en esas fincas.
Se levantaron casas de esterilla, periódicos como paredes o cortinas y piedras en los techos primitivos, por si los vientos. La invasión se convirtió en una ciudad dentro de otra: había llegado una turba bulliciosa de otras regiones, convencida de que el sueño estaba en la capital deportiva de Colombia.
Pero no había trabajo, de modo que el ahora llamado Distrito de Aguablanca se volvió conflictivo. La situación de orden público es caótica, la gente carece de oportunidades, lo cual se ha convertido en caldo de cultivo para la delincuencia común y el aumento de pandillas juveniles.
Pero, bien toda regla tiene su excepción, el pasado sábado 16 de febrero tuvimos una grata sorpresa. Un boxeador que salió de esa zona se convirtió en campeón mundial de los supergallos. Ya había demostrado anteriormente sus condiciones como triunfador aficionado en las categorías en las cuales compitió.
Jonathan ‘Momo’ Romero sí es un verdadero ejemplo. El hombre perteneció a una tenebrosa pandilla de El Retiro –Distrito de Aguablanca-. Tres hermanos suyos fueron asesinados a balazos y él quiso hacer justicia por mano propia. Pero, en un acto de grandeza, su familia le ayudó y él, Jonathan encontró a Dios a la vuelta de la esquina. Hoy habla como si nada con el asesino de uno de sus hermanos.
Se fue para Barranquilla, soportó privaciones y entrenó con todo juicio, con la mayor disciplina. En México, con el público en contra, se enfrentó a un guapo manito y lo derrotó por decisión.
Pero tampoco hay que olvidar que en la casa albergue, que funciona en Los Ángeles California, con la orientación de un colombiano humilde, como Mauricio González, que es consejero y manager de muchos deportistas, los recibió con los brazos abiertos en su hogar y lo tiene como uno de sus hijos más queridos.
Ha sido el motor de impulso para seguir cosechando posiciones en el difícil deporte de las narices chatas.
“El Momo” Romero confiesa que no ha consumido droga, está dedicado a lo suyo que es el deporte, porque fue un frustrado futbolista.
No lo niega: el hambre lo hizo campeón. Además, alimentaba la ilusión de comprarle a la vida cinco centavitos de felicidad y una casa a su mamá. Ahora puede hacerlo. Ojalá que logre mantener su cinturón con gloriosas defensas en cuadriláteros del mundo.
Todo indica que, a sus 26 años, ‘Momo’ Romero sabrá mantenerse en su pedestal, hasta la hora del retiro glorioso. Unido a una mujer que le ofrece apoyo, está dedicado al deporte. Ya es un personaje en su barrio El Retiro… de la gloria. La vida le sonríe a quien consagró sus esfuerzos en procura de otros designios. Es el gran ejemplo para los muchachos que andan por ahí, en el Distrito de Aguablanca, como ovejas descarriadas…sin Dios ni ley








